El reino de Sevilla en los s. XIII, XIV y XV comprendían, en líeas geerales; las actuales provincia de Huelva, Sevilla y Cádiz. Los municipios principales fueron además de Sevilla, Ecija, Carmona, Jerez, Arcos, Niebla y Cádiz. La jurisdicción especifica de la ciudad de Sevilla que eran 12.000 km cuadrados y se dividían en término y tierra, las tierras comprendía la sierra, Aljarafe, ribera y campiña. El sector de la sierra de Constantina tenia también Cazalla, la Puebla de los Infantes, Alanis, el Pedroso y San Nicolás.
El aljarafe la perla del alfoz sevillano, en el momento de la conquista, el 80% de los olivares e higuerales estaban allí. El viñedo por el contrario apenas existía entonces, y su difusión fue obra de los campesinos andaluces en los siglos XIV y XV. “A mediados del XIV escribe Manuel González, la ciudad de Sevilla consumía ya vino del aljarafe y del campo de Tejada, y uva de mesa de Sanlúcar de Albaida, Sanlúcar la Mayor, Estercolinas (Olivares)”. 

Hacia 1492 se calcula que había en la ciudad “dos mil onbres, asy viñeros como tauerneros e moxones e acarreadores de vino”. Tenian entrada libre en la urbe el vino de cosecha de los vecinos de Sevilla, la Rinconada, Coria, la Puebla, Alcalá del Río y de Guadaira. Y estaba prohibido meter vino de otras partes este control estaba encomendado a una fieldad del vino y se dispuso en el XV que el vino solo pudiese entrar por las puertas de Carmona, Macarena y Triana. Al margen permanecían los vinos que eclesiásticos y otros privilegiados podían introducir en la ciudad para su consumo. 

Los vecinos cosecheros podían guardar el vino en sus casas o en bodegas y lugares de venta al por mayor llamados mesones del vino. 

Los últimos años de la Andalucía musulmana estuvieron regidos por poderes políticos sobre todo el almohade que aplicaron duras restricciones de tipo religioso.
Los nuevos dueños de los territorios, los conquistadores cristianos,  realizan una previa evaluación de las tierras a repartir y se aprecia, gracias a esta encuesta, una clara escasez de presencia de viñas en la inmensa mayoría de la zona del valle del Guadalquivir. 

El reparto de tierras que el monarca mando realizar entre los caballeros hidalgos que participaron en la conquista, teóricamente se pensó en que fuesen 6 aranzadas ( Una aranzada equivale a media hectárea) de viñedo, en realidad mas de la mitad solo recibieron 4 aranzadas, a las demás categorías de pobladores, almocanedes (jefes de soldados de infantería) y peones se les asigno teóricamente 3 y 2 aranzadas de viñas. 

Estamos pues ante una relativamente escasa presencia del viñedo, un viñedo que se situaba en los alrededores de las ciudades, y que para el caso  del amplio territorio que se reparte en el área de Sevilla, supuso aproximadamente 2.952 aranzadas.


Andalucía heredo una infraestructura de explotación vinícola relativamente débil. Aunque un centro urbano con la categoría de Sevilla propiciaría desde los primeros momentos  una fuerte demanda de este producto. 

Los grandes propietarios van a realizar su propia repoblación con la emisión de “cartas puebla” gracias ellas el gran propietario asienta en ellas a los campesinos ofreciéndoles pequeñas parcelas a perpetuidad a cambio de unas rentas en dinero y especies. En estas entregas de tierras en usufructo hay siempre una constante la obligación de cultivar una parcela de viñas de al menos dos aranzadas. Sino habían cepas el nuevo poblador debía plantarlas dándole para ello un plazo razonable durante el cual estaban exentos de pagar los censos correspondiente.  

A partir de la segunda mitad del XIII se vislumbra ya la tendencia a la intensa parcelación de este cultivo. Hay muchos ejemplos, como el monasterio de San Clemente en Alcalá de Guadaira que en los años 50 del siglo XIII aparece como una sola propiedad de 18 aranzadas de viña y a principios del XIV tras repetidos contratos de plantación presenta una múltiple división de parcelas pertenecientes a otros tantos propietarios. El siglo XV, la viña está presente en todas las comarcas sevillanas, y en términos generales, en manos de campesinos lugareños. 

En el área de la campiña ofrece evidencias claras del minifundio vinícola. Un ejemplo lo proporciona la importante villa de Carmona, se trata de un concejo muy poblado, mas de 1.600 vecinos, de los que algo mas del 70% poseía alguna parcela de viña, en Alcalá de Guadira y en Utrera era algo menor, pero nunca inferior al 50%. En el aljarafe y la ribera sevillana, sufren una expansión demográfica durante el XV. Y se puede afirmar que entorno  al 70% de la población rural de la zona es propietaria de tierras de viñas.
Existe también un importante sector del común urbano que durante el XV  aparecen como propietarios de tierras, el mejor documentado es el de Sevilla, se habla de un 20% de pecheros que tienen pequeños lotes no superior a las tres aranzadas, recordemos además que tienen el privilegio de abastecer en primer lugar, y sin competencia, el mercado interior que abastece de vino a la ciudad. 

Existen también dos tipos de grandes propietarios, los que explotan directamente sus viñas y los que la explotan indirectamente, la entrega en enfiteusis. Los primeros son escasos y para el XV se refieren generalmente a los monasterios, es el caso de las numerosas tierras de viñas del convento de Santa María de las Cuevas de Sevilla. O las viñas del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla). 

En los segundos, un claro ejemplo es La heredad de Montijos compuesta entre otras por 50 aranzadas de viñas, todas estas tierras de viñas aparecen a finales de XV divididas en 31 parcelas en manos de los vecinos de Valencia del Alcor.


El viñedo necesita una enorme inversión de trabajo, las tres actividades básicas, la poda, cavar y binar. Las instalaciones para transformar la uva en vino son muy costosas, en la comarca del aljarafe y ribera solo encontramos siete menciones a lagares de campesinos lugareños durante el XV, y además suelen estar compartidas por varios vecinos. 

En el 1310 ya se prohíbe la entrada de vino portugués a la zona del alfoz, medidas como esta se suceden durante todo el XIV lo que provoca los llamados aranceles del vino, desde el XIV se impone que solo el vino cosechado por los vecinos puede entrar libremente en el recinto de la ciudad. 

La expansión del viñedo fue dibujando también unas zonas vinícolas especificas, y una de esas zonas vinícolas para las autoridades del XIV seria el llamado campo de Tejada parte importante de el actual condado. Las áreas que se van destacando al final de la edad media:
Condado de niebla y áreas próximas de la actual costa occidental de Huelva, la de mayor producción vinícola de toda Andalucía occidental a finales del XV. 

El área del Marco de Jerez, sus excedentes al igual que la anterior zona también se dedican a la exportación atlántica.
Zona Aljarafe-Ribera, abastecedora de su zona rural y fraudulentamente o no de Sevilla ciudad.
Campiña y sierra, con un mercado nada despreciable con la zona fronteriza de Granada.
El viñedo se utilizara como medio de repoblación durante el XIII, el XIV y parte del XV que se convertirá en un soporte básico de la economía campesina.
En el comercio exterior, los intercambios con Inglaterra, fue un buen momento en la mitad del XIV, los productos de comercio eran los vinos – el dulce de Lepe se cita en la obra de Chaucer, la grana, el aceite y el jabón entre otros. Los contactos con Irlanda que importaban sobre todo vinos andaluces y del Algarbe.

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